viernes, 27 de mayo de 2011

Ensayo sobre el cerebro humano - La ignorancia es muy atrevida

Tan atrevida que a veces uno llega a decir barbaridades.

Aún recuerdo un día en el que, camino a la Universidad, discutía con un amigo que estudiaba química, acerca de varias cosas que me daban vueltas en la cabeza. Yo estaba cursando una asignatura de sistemas complejos, y se hablaba de autómatas de clase IV. Yo defendía que si en el universo se podían dar autómatas de clase IV, y otros niveles de complejidad, el universo en sí era un autómata de clase IV, y que Dios en sí mismo era un autómata de clase IV... Pues eso, que la ignorancia es muy atrevida... Y lo bueno es que da que pensar.

Otro día, con un compañero de Teleco, a colación de Fourier, sus series y sus transformaciones, defendía que el Universo podía ser representado por dichas series, y como tal, el Universo no era más que información. Por lo menos, no soy el único que lo piensa.

Años más tarde, a raíz del artículo que escribí acerca de la luna y las placas tectónicas, intercambié algunos twitts con un amigo físico, básicamente para preguntarle de dónde salía la descomunal cantidad de energía necesaria para mover el agua del mar en las mareas, qué trabajo ejerce, y cómo se disipa esa energía. Si era generada por la "fuerza" de la Gravedad, ¿por qué no se agota dicha "Fuerza"? Si se agota, ¿cómo se notaría su agotamiento? Y llegaba a la conclusión de que la fuerza de la gravedad no era una fuerza, sino una dimensión. No soy el único que tenía estas dudas, sin embargo, si no es ni una fuerza ni una dimensión, tal vez sea simplemente algo a lo que no se le ha puesto nombre, algo nuevo, o simplemente, la gravedad.

Y tras este tremendo derroche de ignorancia y atrevimiento, voy a rizar el rizo y a aventurarme con las redes neuronales, y en particular, el cerebro.

Empezaré transgrediendo, y diré que el cerebro es una consecuencia del resto del cuerpo y de su entorno, de lo que el cuerpo le transmite y viceversa. El cerebro es un órgano plástico. El cuerpo humano siente su alrededor a través de diferentes órganos y sentidos que se van desarrollando, y envían la información al cerebro, el cual se va desarrollando también conforme recibe más cantidad y diversidad de estímulos. La etapa de la vida de mayor desarrollo corporal y verbal es la época de mayor desarrollo cerebral. El cerebro no sólo tiene capacidad de recibir estímulos, sino también de emitirlos para interactuar con el entorno y realimentarse con los estímulos que produce el entorno. El cerebro se va desarrollando y moldeando conforme interactúa con el entorno, se va educando. Recibe estímulos de lo que está bien (satisfacción, felicidad) y de lo que está mal (dolor, miedo) para garantizar su supervivencia. Cuerpos diferentes y/o interacciones con el entorno diferentes implican cerebros diferentes. Con el tiempo, el cerebro adquiere consciencia e incluso es capaz de autoprogramarse. Esta forma de verlo es altamente coherente con la Evolutionary Psychology, artículo de la Wikipedia que os recomiendo encarecidamente, para empezar.

Si somos capaces de hablar es porque tenemos órganos capaces de hacerlo (nuestra lengua, boca y cuerdas vocales tienen una motricidad muy fina y nuestro cerebro ha adquirido la habilidad de usarlas -tienen una elevada sensibilidad y un control muscular muy fino), y porque el paso de los siglos y la educación generación tras generación nos ha ayudado a asociar palabras a objetos y conceptos. Por esos motivos, otras especies tienen capacidades de comunicación más limitadas, por lo limitado de sus cuerpos para establecer comunicación. El razonamiento consciente humano es una consecuencia de lo anterior. Y también está limitado por estos mismos órganos: ¿podemos razonar conscientemente a una velocidad superior a la velocidad de nuestras palabras o conceptos? A veces, ni siquiera hablando mentalmente más rápido. Y eso es así porque nuestro cerebro ha sido educado o limitado por nuestros órganos, nuestro cuerpo, de esa manera.

Sabemos que la principal funcionalidad de las redes neuronales es el reconocimiento de patrones, y eso es precisamente lo que hace nuestro cerebro, ni más ni menos.

Es Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional quien nos habla del flow, de la educación temprana en ámbitos específicos, del desarrollo de genios y/o superdotados, de su interacción con el entorno, el sacrificio y el CI... La educación temprana, o la observación del talento de nuestros hijos en momentos tempranos de su vida, permitirán una realimentación y potenciación de determinadas funciones cerebrales para el desarrollo del talento de estas personitas. Si te interesa el tema de la educación de los niños te recomiendo mirar algunas cosas de Sir Ken Robinson. Él no habla de flow, sino de el elemento. De todo ello deduzco que reforzar el procesado de patrones (educar, realimentar) en épocas de crecimiento y desarrollo del cerebro facilita su mejor ejecución (comparativamente a otros cerebros) para el resto de la vida.

Volviendo al centro de la reflexión, creo que se pueden crear cerebros artificiales (simplificados), y para ello el fundamental la interacción con el entorno, y es clave entender el mecanismo de realimentación del cerebro (bien vs mal / el que crea nuevas neuronas y nuevos enlaces entre neuronas). Si fuéramos capaces de crear un cuerpo humano artificial, implantar una génesis de cerebro artificial con dichos mecanismos de realimentación y educarlo, habríamos creado una mente humana.

Un experimento que se puede hacer, y que voy a hacer (ya veremos cómo y cuando), es el de diseñar una red neuronal con un mecanismo de realimentación, implantarlo en un robot que tenga las capacidades de sentir e interactuar con el entorno, y educarlo durante largo tiempo. Estoy seguro de que aprenderá del entorno, convergerá a un comportamiento lógico de acuerdo a sus interfaces con el entorno y su educación. También estoy seguro de que el comportamiento será más complejo y llevará más tiempo convertirse en un comportamiento estable cuanto mayor sea la cantidad, riqueza, o lentitud de sus interfaces, y en consecuencia, mayor tenga que ser el número de neuronas y enlaces. También creo que el número de neuronas y conexiones vendrá determinado por la complejidad de las interfaces con el entorno y la riqueza de las interacciones.

Y lo mejor sería no crear un único robot, sino varios, y dejar que interactúen entre ellos, seguro que acaban hablando si tienen los interfaces adecuados (he buscado y he encontrado este reciente artículo, interesantísimo! Da que pensar que no voy muy desencaminado, no?).

Me gustaría leer alguna opinión. ¡Gracias!

Añadido 23/08/2011: de repente me doy cuenta que se ha puesto de moda hablar de La Singularidad Tecnológica. Lo añadiré a las etiquetas, el "ensayito" que recojo más arriba tiene algo que ver con ello.

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