jueves, 14 de octubre de 2010

A vueltas con la dichosa/bendita innovación

De las realidades vividas, de los casos conocidos, y de libros leídos, hay elementos comunes en la disciplina de la innovación que merece la pena poner de nuevo en relieve.

Uno: la frustración. He oído (y también he dicho) muchas veces que hay que innovar para mejorar la probabilidad de que una compañía sea sostenible en el largo plazo. Y cuando se intenta innovar, por más que se sabe que el fracaso va a ocurrir, y que es bueno para el proceso, la frustración aparece y desmotiva. Pocos son los que innovan y aciertan a la primera, y esos pocos fallarán la segunda. Bravo por los que lo intentan, porque los hay que con sólo saber que habrá que gestionar la frustración son invadidos por un miedo que disfrazan de escepticismo. Una adecuada gestión de la frustración es clave en un proceso en que lo normal es fallar. Debe ser liderado (qué importante esta palabra aquí) con energía y sensibilidad.

Otro: lo que vale para otro no vale para tí. Cuando se te acerque alguien y te diga "¡Tengo la receta mágica! Toma, copia esto y ya verás qué bien.", desconfía. Si crees que el caso que ha aplicado la empresa A te sirve, piénsalo dos veces. Aún no he visto dos problemas iguales, ni dos contextos iguales, ni dos organizaciones iguales... Ni dos buenas soluciones iguales, pero es que debe ser así. No hay que perder de vista que uno de los objetivos de la innovación es la diferenciación. Si tu competidor innova con el proveedor A, o con el centro de I+D B, o con el experto C, ¿lo harás tú también? Es una decisión que hay que tomar.

Así que innovar no sólo es frustrante, sino que además hay que hacerlo diferente. ¡Cuánto riesgo! ¿Merece la pena innovar? Al revés, ¿merece la pena no innovar? Más al revés todavía, ¿es posible no innovar? En mi opinión, es imposible no innovar, como también es imposible saber qué habrá que decidir en cada momento para obtener el máximo partido de ésta, y garantizar la dichosa/bendita sostenibilidad en el largo plazo. Lo que sí se puede es explorar el modo de innovar más y mejor, caminar hacia una innovación fomentada y gestionada, y eso no se debería dejar de intentar.

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